Historia

Para conocer la historia de Mosqueruela resulta interesante conocer primero cuál es el Origen del nombre. Sobre este origen se han hecho muchas cábalas pero todo indica que el origen que se menciona en esta sección es el auténtico.

Todas las conjeturas apuntan a que Mosqueruela procede de “mosquera”. Una mosquera es un descansadero de ganado trashumante, un punto de parada para descansar, abrevar y refugiarse del calor; normalmente se corresponde con un área arbolada y una fuente y se localiza, lógicamente, en el trazado de las vías pecuarias utilizadas para el desplazamiento. Todas estas condiciones se cumplen en la ubicación actual de la población, sin olvidar que los pastizales de verano a donde debían trasladarse los rebaños trashumantes se localizan a media jornada del lugar. En cuanto al por qué se denomina mosquera a un descansadero de ganado, la explicación es obvia para quien haya tenido ocasión de refugiarse junto al ganado a la sombra de un sestero: si algo abunda son las moscas. Moscas que, precisamente, estuvieron desde el inicio representadas en el escudo de la Villa.

Después podemos realizar un recorrido por la Evolución histórica de Mosqueruela.

La villa de Mosqueruela fue fundada en 1265 por orden del rey Jaime I, a fueros y costumbres del poderoso Concejo de Teruel. Aunque ya antes existen referencias documentales: la Mosquerola (1203), la fuente de la Mosquerola (1204) y castelli de la Moschorola (1208).

Mosqueruela consigue de inmediato un gran desarrollo. A lo largo del siglo XIII y primeras décadas del XIV, fue frecuente la presencia de la villa en la documentación de la Cancillería Real Aragonesa, debido principalmente a los conflictos de pastos que tuvo con la poderosa Casa de Ganaderos de Zaragoza. Estos conflictos fueron frecuentes durante casi todo el siglo XIV, sobre todo los generados entre la sesma del campo de Monteagudo, a la que pertenecía Mosqueruela, y las villas levantinas de Castellón y Villarreal, y solían consistir en hechos, prendas, reprendas y agresiones de los habitantes de Mosqueruela a los ganados y pastores levantinos y sus consiguientes procesos judiciales. Esta serie de conflictos finalizó en 1390 con la sentencia arbitral de Villahermosa, que gesto las normas por las que iba a regirse la ganadería extensiva de una extensa región.

Durante estos siglos, el término municipal de Mosqueruela se va poblando de numerosas masadas y en 1333 se consigue la adhesión de los términos del Castillo del Mallo, tras una dura pugna con sus vecinos de Villafranca del Cid (Castellón). Mosqueruela va desarrollando una intensa actividad relacionada con la ganadería y el comercio de la lana.

Fue hacia finales del siglo XIV cuando estalla la guerra de los Pedros (1356-1369) con Castilla, guerra que resulta beneficiosa para Mosqueruela y sus vecinos, fieles al rey Pedro IV. No fue ocupada y como premio recibió la titulación de villa (1366) y el privilegio de celebrar ferias y mercados, además la Comunidad de Teruel pasa a denominarse Comunidad de Teruel y Villa de Mosqueruela, siendo esta cabecera de 65 aldeas dependientes. No hay que olvidar que la villa, desde este momento, tuvo jurisdicción civil y criminal propia. A lo largo de la historia formó parte de la red de aduanas del Reino y como villa de realengo tuvo representación en las Cortes.

Y así, Mosqueruela mantiene su importancia, a pesar de las crisis que sacudieron al territorio aragonés hacia la Edad Media, hasta el siglo XIX cuando el proceso de desarrollo se trunca. Las guerras carlistas castigaron duramente su territorio y especialmente la crisis de la ganadería. Además la guerra civil de 1936 hace estragos en el patrimonio cultural de la villa, al tiempo que el maquis y la represión merman sus gentes, especialmente el numeroso grupo masovero.

No hay que olvidar que Mosqueruela está considerada en la actualidad conjunto histórico-artístico, conservándose gran parte de la muralla original y sus edificios más emblemáticos. Visitando Mosqueruela podrá admirar, como en ningún otro lugar, el paso de varios siglos de dura supervivencia y cariñosa amabilidad, todavía reflejados en el rostro de sus gentes, sus calles y en sus acogedores paisajes.